181. Convento de la Inmaculada

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      ANTES                                             (Fuente de las fotografías: www.recordandovitoria.wordpress.com)                                            AHORA                                             
Si paseamos por la plaza del General Loma y nos fijamos en la entrada del número 7, situada a la derecha de la iglesia de San Antonio, veremos en su parte superior la inscripción “Convento de la Inmaculada” grabada en la piedra. 

Efectivamente, tanto este convento como la iglesia tienen esa advocación o su sinónima de Purísima Concepción y no la de San Antonio con que habitualmente son distinguidos. Ello se debe a que uno de los siete altares que tiene el templo, además del mayor, está dedicado a San Antonio de Padua, acudiendo a él con especial fervor los vecinos. 


A ese respecto, el historiador Joaquín José de Landazuri, escribía en 1780: “Esta singular devoción con San Antonio ha ocasionado que sea este Convento más conocido con el nombre de San Antonio que del de la Concepción. Celébrase la Novena de éste con Sermón Panegírico de sus excelencias…”

La licencia para la edificación del convento fue dada por el ayuntamiento en el año 1608. Por diversos  litigios entre frailes sobre quién debía ocupar el convento, éste no fue ocupado por los franciscanos recoletos hasta 1648, a pesar de que las obras habían finalizado en 1623.

Durante el siglo XIX, con sus guerras, el convento fue abandonado por los frailes. En 1834, como consecuencia de la ley desamortizadora del general Mendizábal, fue incautado junto con la iglesia por el Estado, al igual que los demás recintos religiosos, con el fin de ser utilizado para fines militares. Pero al proceder de una herencia, los descendientes hicieron valer sus derechos y el ejército lo siguió utilizándolo, pero pagando un alquiler.

Las Clarisas, establecidas en nuestra ciudad desde 1247, ocupaban un basto terreno que comprendía la calle Becerro de Bengoa, el actual Parlamento y parte de los jardines del parque de la Florida, hasta el banco corrido de piedra. La iglesia, adosada a él, ocupaba parte del triángulo formado por la manzana de casas bordeada por las calles Prado, Becerro de Bengoa y plaza del General Loma. Incautado todo ello por el estado durante la guerra carlista, a su finalización fue comprado por el Ayuntamiento en 1841. 

Denegada la petición de las monjas para que se les devolviera parte del convento, tras diversas vicisitudes, se buscó una solución, adquiriendo el convento de la Inmaculada, conocido como de San Antonio, y cediéndoselo en usufructo. 

Paralelamente a estos acontecimientos, la Marquesa de Montehermoso cedió en 1851 la iglesia a la ciudad para el culto, con el pago de un pequeño canon en señal de dominio. El convento primitivo fue derribado en 1962, construyéndose uno nuevo, una residencia sacerdotal y unos locales comerciales.

(Fuente del texto: www.recordandovitoria.wordpress.com)

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